En estos días estaba leyendo el relato del nacimiento de Jesús según el evangelísta S. Mateo. Y me estaba llamando la atención el papel que juega José en esta historia. Y estaba pensando en el porqué de que él estuviese en la historia. Si Jesús nacería de una virgen, ¿era necesario el papel de un hombre? ¿Esa virgen no podía ser soltera?
Probablemente una razón para ello es que una mujer sola en aquella época era muy vulnerable. Y además si tenía un hijo demasiado expuesta a las críticas y la exclusión social, teniendo en cuenta que nunca habría sido casada.
Pero creo que hay una razón mas importante. Dios le proveyó a Jesús un buen marco familiar para su desarrollo personal. Porque, recordemos, que Jesús, siendo Dios, también era hombre y tuvo que crecer en estatura, sabiduría y gracia para con Dios y los hombres (Lc. 2.52). Y para ese desarrollo Dios le proveyó un hogar en el que pudiera crecer.
Al comienzo de Mateo, vemos a José como un hombre temeroso de Dios. De hecho, recibe mensajes de Dios en cuatro ocasiones en los dos primeros capítulos. Para que no abandone a María, para marcharse a Egipto, para volver de Egipto y para dirigirse a Nazaret. Y no solo recibia los mensajes, sino que los obedcía. De hecho Mateo lo describe como un hombre justo.
Pero Dios no sólo le proveyó de un padre y una madre a Jesús. También tenemos otras referencias a la familia de Jesús. Su primo Juan el Bautista, que además fue clave en el ministerio de Jesús. También nos habla la Biblia de los hermanos de Jesús, que aunque no creyeron en Él durante su ministerio, después de su resurrección algunos fueron claves en el desarrollo de la iglesia.
En estos tiempo en los que vivimos y que la familia cada vez está más infravalorada, debemos recordar que si Jesús, creció y se desarrollo en un marco familiar, cuánto más nos hará falta a nosotros una familia. Familias temerosas de Dios y que provean el marco para que la próxima generación sea mejor que nosotros.
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