martes, 15 de enero de 2019

Marina

"—El territorio de los seres humanos es la vida —dijo el doctor—. La muerte no nos pertenece".
Esta novela llegó a mis manos como una recomendación de uno de mis hijos. (El tiempo pasa, y ahora son ellos los que me descubren nuevas lecturas y los que me ganan al ajedrez). Una novela juvenil que no por ello quiere decir exenta de profundidad. Una novela en la que se explora, no tanto el significado de la muerte, sino cómo los seres humanos nos enfrentamos a ella.
A través de un misterio y de la relación de dos adolescentes que conducen la historia, el autor nos hace reflexionar en los temores y miedos a los que nos enfrentamos ante el fin de nuestra existencia. Escrita con un estilo narrativo limpio, bello y que se deja leer muy bien, en ella he podido encontrar un montón de frases que he subrayado y archivado para mi colección de citas. Pero sobre la que quiero reflexionar hoy es la escrita al comienzo de esta entrada.
Y es que creo que es verdad que el territorio de los humanos es la vida. Muchas veces nos afanamos en vivir, pensar y actuar enfocados hacia la muerte. Históricamente, incluso, se ha utilizado esta idea para mantener subyugado el comportamiento del pueblo, en su mayoría ignorante. A través de miedos incluso de promesas falsas. Incluso, en ocasiones, como cristianos pecamos de perder la perspectiva y pensar que esta vida no es sino una vana ilusión de una realidad más allá de nuestro marco temporal.
Si fuera así, tendríamos más instrucción sobre la vida venidera y prácticamente nada sobre la que tenemos ahora. Y es todo lo contrario, en la Biblia encontramos muchísimas guías para vivir y disfrutar de la vida en esta tierra y sobre la venidera tenemos su promesa y poco más. Hay muchas cosas que no sabemos de lo vendrá. Pero sí que podemos encontrar la mejor manera de vivir en esta tierra y de disfrutar de estos días.
La primera es aprendiendo a contar con sabiduría nuestros días. Para no perder el enfoque de la novela, pongámoslo en palabras de uno de los personajes de Ruiz Zafón: "decía que los seres humanos dejaban pasar la existencia como si fueran a vivir para siempre y que ésa era su perdición". Saber que un día vamos a partir nos debería enfocar a disfrutar del tiempo que se nos ha regalado.
La segunda es entender que Dios quiere que tengamos vida, y vida en abundancia (Juan 10.10). Y la mejor manera de disfrutar de esa vida es en la voluntad de Dios.Ya que Él es la fuente de vida. Alejarnos de Él es alejarnos de la vida.
Dios nos creó para vivir. Él desea que disfrutemos de la vida, no quiere nuestra muerte. Dios nos dio un territorio, y ese territorio es la vida.

martes, 20 de agosto de 2013

Mamita Yunai

Ayer por la noche estaba viendo el programa de "Así se hace". En él explican el proceso de fabricación de diferentes productos y en esta ocasión tocaba cómo se hacían unos snacks de plátano que yo conozco con el nombre ecuatoriano de chifles, aunque supongo que en cada país lo conocerán con distintos nombres.
El programa en cuestión comenzaba desde el principio: el cultivo y recolección de los bananos. Y, aunque la empresa era estadounidense, la producción se hacía en Costa Rica a lo que el narrador comentaba que la empresa estaba muy orgullosa de favorecer de esta manera el desarrollo local de éste país. En ese momento, me vino a la memoria el libro de Carlos Luis Fallas (Costa Rica) Mamita Yunai. Seguidamente no pude evitar soltar una carcajada ante semejante afirmación.
Para ser sincero, no conozco la situación actual de las empresas bananeras en Centro América, pero aunque sea por un poco de vergüenza histórica, deberían haberse ahorrado el comentario.
Mamita Yunai nos habla precisamente de eso. De las condiciones en que vivían los trabajadores de las compañías bananeras estadounidenses afincadas en Costa Rica. Nos habla de la precariedad de condiciones, de la dureza del trabajo y de la miseria salarial. Personalemente, lo que me llamó más la antención fue la última parte del libro, que en realidad es un anexo a la novela, un discurso que dio el mismo Fallas y va más allá de la novela contando muchas más atrocidades que se cometieron especialmente en la United Fruit Company, .
No quiero hacer de este escrito un panfleto revolucionario contra el imperialismo yanki. Pues supongo que las petroleras españolas, así como otras empresas de mi tierra, habrán hecho cosas parecidas o peores. Pero sí me gustaría hacer una reflexión sobre el como tratamos a nuestros semejantes. La Biblia nos habla, en diferentes y repetidas ocasiones, de tratar con justicia a nuestros semejantes y no explotar a aquellos que tenemos asalariados. Sin embargo parece que nos olvidamos muy fácilmente de ello, y no solo las personas que no se rigen por los principios bíblicos, sino también aquellos que profesamos la fe cristiana.
Como pastor, muchas veces escucho los problemas de la gente que tiene en sus trabajos. Lo curioso es que las personas que trabajan para otros cristianos no tiene menos problemas, sino que en muchas ocasiones tienen muchos más. Qué pena que demos prioridad al dinero antes que a las personas que están a nuestro lado. La biblia nos llama a amar al prójimo, y recordemos que el amor no busca lo suyo. Sin embargo parece que este mandamiento, por alguna extraña razón, no lo aplicamos a nuestro entorno laboral y siempre buscamos nuestros propio interés y beneficio.
Sé que el mundo tan competitivo en el que vivimos muchas veces nos hace perder el norte. Pero deberíamos pararnos un momento y reflexionar, pensar en como Dios nos llama a actuar en favor de los más débiles, e imitar el ejemplo de los primeros cristianos que se preocupaban por sus hermanos y ninguno pasaba necesidad. Vivamos siempre en justicia y en equidad.

jueves, 8 de agosto de 2013

Gilead

¿La iglesia está preparada para ofrecer respuestas a nuestra sociedad? No sé si es la pregunta que la escritora estadounidense Marilynne Robinson tenía en mente cuando escribió esta fantástica novela titulada Gilead, pero desde luego es la que yo me he hecho después de leerla. Aparentemente nos encontramos ante las memorias de un pastor metodista que escribe para que su hijo las lea cuando éste sea adulto y él ya no esté en este mundo. Pero más allá de la historia, que a mi parecer está narrada de una manera magistral y que describe muy bien la fragilidad y los temores del ser humano, están las preguntas que formulan algunos personajes y las respuestas que reciben, o incluso las que no reciben.
Va a ser difícil escribir esta entrada del blog sin estropearos el libro, así que trataré de ser lo menos concreto posible, para que podáis disfrutar de su lectura tanto como yo lo hice. La cuestión es que hay diferentes preguntas teológicas que surgen en el libro, raro sería que no apareciesen ya que el personaje principal es un pastor. Pero lo interesante no son las preguntas, sino quiénes las formulan y el porqué. Una de las grandes cuestiones que se plantean en el libro es planteada por Jack, el hijo descarriado del pastor presbiteriano amigo de nuestro protagonista. La cuestión en sí, no sólo ha sido debatida por la iglesia, sino que estos mismos personajes, a lo largo de toda su vida han disfrutado de interminables debates sobre el asunto sin llegar a un acuerdo mutuo. Pero a pesar de darle a este hombre una respuesta, pensada y razonada no sólo en ese momento sino a lo largo de sus vida, es totalmente irrelevante para la situación Jack.
Y la verdad es que después de leer este libro, me quedé pensando si no será cierto que como iglesia no estamos ofreciendo respuestas a nuestra sociedad. Tenemos grandes conceptos teológicos, tenemos preparadas nuestras respuestas para nuestros hermanos de diferentes corrientes teológicas, pero ¿realmente estamos siendo relevantes para aquellos que nos rodean y ofrecemos respuestas que puedan aplicar a sus vidas?
Lo cierto es que no sé si la autora de esta novela es cristiana o no. No sé si será una crítica a la iglesia o una auto-crítica. Pero, sea lo que sea, creo que es bastante acertada. No creo que la teología sea un deporte de debates para ver quién da más y mejores argumentos. Deberíamos hacer un esfuerzo por dar respuestas válidas y útiles a aquellos que nos están preguntando cómo puede Dios influenciar en sus vidas.
Podrías pensar que estoy exagerando. Que la gente de hoy en día no quiere oír las respuestas que ofrece la Biblia a sus preguntas. Que tampoco es para tanto lo que puedas decir. Bueno, lee esta novela y luego charlamos un rato.

viernes, 2 de agosto de 2013

Siete lunas y siete serpientes

Recientemente he escuchado por la radio la noticia de que un hombre fue multado (y no recuerdo si también tuvo pena de cárcel) en USA por recoger en su terreno agua de lluvia. Investigando un poco por internet, me he enterado de que en varios estados de esta nación es ilegal esta práctica de sentido común, ya que el mismo estado se considera dueño del agua de lluvia. Puede ser que en otros países también tengan la misma filosofía que no deja de parecerme llamativa y presuntuosa queriendo apropiarse de lo que no nos pertenece pues la lluvia es un regalo del cielo.
A raíz de esta noticia, me acordé del libro de Demetrio Aguilera-Malta (Ecuador) Siete lunas y siete serpientes. En él, uno de los personajes se dedica a comprar los tejados, y sólo los tejados, de todas las casas del pueblo para recolectar toda el agua de lluvia y luego especular con ella. Curiosamente lo que es parte de un realismo mágico en la ficción, resulta que en la realidad es posible. Y como pasa muchas veces la realidad supera a la ficción. Pues no es que el estado de estos lugares esté acaparando el agua de lluvia para luego vendérsela a la población, sino que se adueña de esta agua aún cuando está en el cielo, prohibiendo que nadie la pueda recoger y dejando que en su gran mayoría se pierda, pues según los estudios que han realizado por estos lares,  sólo el 3% del agua de lluvia acaba en los arroyos. Me pregunto de quién será el agua que se produce por condensación en los aparatos de aire acondicionado de estos estados.
La cuestión es la obstinación del hombre en querer ocupar el lugar de Dios. Jesús dijo  "...para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos." (Mt 5.45). Aunque en esta ocasión no haría falta ni citar la Biblia, sino llamar al uso de nuestro sentido común, para que nos diésemos cuenta que la propiedad del agua no puede ser nuestra sino de Dios. El egoísmo nos impulsa a querer tomar aquello que Dios nos da gratis y apropiarnos de ello hasta el punto de negárselo a nuestros semejantes. ¿Cuál será el siguiente paso? ¿Habrá que poner reflectantes en las casas para que el calor del sol no caliente nuestros hogares? ¿Tendremos que pagar por el aire que respiramos? No quiero ni pensar lo que nos tocará ver.
Volviendo a la novela de Aguilera-Malta, si no la has leído, la recomiendo encarecidamente. Para mí es una de las novelas de obligada lectura. Tiene mucho en común con Cien años de soledad de García Márquez, aunque curiosamente fue escrita antes que está pero publicada después, con lo que es poco probable que una pudiera influenciar a la otra. Además es una de las pocas obras de la literatura ecuatoriana que podemos encontrar en nuestras librerías españolas, ya que la editó Cátedra.
Lo dicho, la próxima vez que llueva, piénsatelo bien antes de sacar tus macetas al balcón, podrías estar infringiendo la ley.

domingo, 28 de julio de 2013

Anonimatic

A medida que nos vamos conociendo es el título de una colección de cuentos de Alí Víquez Jiménez, escritor costarricense. En ella podemos encontrar una narración curiosa titulada Anonimatic, donde nos cuenta las maravillas de un nuevo producto que nos hará ser anónimos en nuestra sociedad. Con este producto podemos ir por donde queramos y actuar sin ser reconocidos por los que están a nuestro alrededor. En este pequeño relato, el narrador discute de los beneficios y de las opiniones que pudiesen surgir en contra del mismo. Uno de los argumentos en contra es que fomentaría la inmoralidad y permitiría a la gente obrar mal sin miedo a ser reconocido, a lo que el narrador, defensor de este "maravilloso" producto contesta "que si no se peca ha de ser por convicciones y no por vergüenza." Y la verdad es que no puedo darle más que la razón.¿En que basamos nuestro comportamiento? ¿Verdaderamente estamos interesados en agradar a Dios o simplemente estamos preocupados por el que dirán? ¿Cómo actuaríamos los cristianos si supiésemos que nadie está mirando o que no hay manera de que sepan quienes somos? Nuestras acciones deberían estar definidas por el temor de Dios y no por si se entera mi familia, los hermanos de la iglesia o el pastor. El motor de nuestra voluntad debería ser el amor a Dios y la obediencia a Él y no el miedo a las consecuencias que puedan causar nuestras acciones.
¿Somos los mismo cuando nadie nos ve? Probablemente podríamos medir nuestra espiritualidad en esos momentos en los que estamos solos, en los que no hay nadie a nuestro alrededor, en los que actuamos por convicción y no por vergüenza.

domingo, 21 de julio de 2013

Colorín colorado, este cuento se ha acabado

Recientemente he leído un libro bastante entretenido y divertido titulado «El abuelo que saltó por la ventana y ser largó». Entre otras historias cuenta la de un señor que se encontró toda una tirada de Biblias que iban a destruir y el se las llevó a su casa. Movido por la curiosidad y puesto que no se veía ningún desperfecto por ninguna parte que motivase la retirada del mercado de los libros, se leyó una de ellas y no fue hasta el final que descubrió el porqué las habían desechado. Un empleado resentido con la editorial había añadido un versículo, justo al final del Apocalipsis: "y colorín colorado este cuento se ha acabado".
Aunque el libro es divertido y la historia nos hace reír, lo cierto es que precisamente el mensaje del Apocalipsis lo que nos dice es todo lo contrario: la historia no se ha acabado. La historia continúa y Juan nos invita a que perseveremos hasta el fin, a que no nos desanimemos y nos olvidemos de la vocación a la cual hemos sido llamados.
Los discípulos estamos esperando la llegada de Cristo, todavía hay una parte de la historia que queda por cumplirse. Y mientras esperamos seguimos avanzando viviendo según el ejemplo que Cristo nos dejo.
La verdad es que el autor, Jonas Jonasson,  nos deja caer de esta manera que la Biblia contiene una historia que ya no es para nuestros días, que caducó hace dos mil años. Lo que contrasta con su idea principal de que a los cien años a una persona todavía le queda a uno mucho por vivir y disfrutar. También nosotros podríamos decir que la Iglesia, con casi dos mil años a sus espaldas, todavía le queda mucho por vivir, por disfrutar por desarrollarse y por crecer.
¿Recomendaría el libro? Sin dudarlo. Es un libro que se lee con bastante facilidad, logra captar toda tu atención y es difícil que alguna distracción pueda sacarte de su lectura. Divertido e imaginativo, con un argumento en el que si puedes esperar algo es que pase lo inesperado. Y como no se me ocurre otra manera de acabar esta entrada, diré: Colorín colorado este cuento se ha acabado.

martes, 16 de julio de 2013

Heidi, o el hijo pródigo

Ayer por la tarde me quité una espina que tenía clavada de hace tiempo: leí el libro de Heidi, de Johanna Spyri. Y la verdad es que me sorprendió mucho, pues yo conocía la historia que nos contaron a través de la serie de dibujos animados inspirados en este clásico de la literatura infantil, y aunque me esperaba que hubiese cambios, nunca imagine que Heidi era la historia del hijo pródigo.
En este libro encontramos la Parábola de Jesús no sólo como uno de los "cuentos" favoritos de Heidi cuando aprende a leer y cuando lo comparte con su abuelo, sino que la misma novela es dibujada en las mismas líneas que la ilustración del Maestro. En el hijo pródigo encontramos un viaje de ida y vuelta, un joven que cansado de estar en su casa decide alejarse y  cuando se da cuenta de que lo ha perdido todo decide regresar a implorar perdón a su padre para poder volver al lugar donde pertenece. Heidi no se marcha, todo lo contrario, la arrancan de sus amadas montañas y su querido abuelo para llevarla a una ciudad que, si ya de por sí misma enjaula a la niña, la encierra en una casa sin posibilidad de pisar la calle. En ella siempre está el anhelo de volver a los prados y es la añoranza la que la va comiendo poco a poco, hasta que al final logra su mayor deseo, el regreso. Pero, a diferencia de el hijo pródigo, el que más se aleja es el que se ha quedado en la casa, el Tío de la Montaña, el abuelito de Heidi.
Sin embargo en este viaje, Heidi se acercará a Dios, y al final del mismo será el medio para llevar a su abuelo a la reconciliación con Dios y con sus prójimos. Aunque para mí lo más fascinante de este libro es que plantea que todos necesitamos reconciliarnos con Dios. Una niña en su más tierna infancia a la que todos ven como la victima de una sucesión de injusticias en su vida. Un anciano que vive sus últimos años separado de sus semejantes y renegando de Dios. No puede haber más contraste entre abuelo y nieta, ésta disfrutando de la vida y aquel renegando de ella. Pero ambos encuentran el perdón de Dios y una nueva manera de entender y vivir la vida.

lunes, 4 de enero de 2010

Mi identidad

Algo que nos ayudaría a ser mejores personas es saber quiénes somos y qué lugar ocupamos. En mi opinión los grandes problemas de este mundo han surgido porque el ser humano ha querido ocupar un lugar que no le correspondía. En el saludo que escribe el apóstol Pablo en su carta a los romanos nos da algunas claves para entender quiénes somos:
"Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. " (Romanos 1.1-7, RVR60)
En este pasaje podemos encontrar al menos seis cosas que hablan de nuestra identidad. Algunas que Pablo se aplica a sí mismo y otras que aplica a la iglesia de Roma, ambas aplicables a nuestra vida.
  1. Somos siervos de Jesucristo. Es algo que deberíamos recordar siempre, nosotros somos siervos de Dios. Me da la sensación que en este mundo moderno, cada vez vemos más a Dios como un colega, o incluso como nuestro siervo al que sólo exigimos y pedimos cosas. Pero la Biblia nos enseña que somos nosotros los que debemos servir a Dios. El es nuestro señor y nosotros debemos obedecerlo. 
  2. Enviados. Es lo que significa la palabra apóstol. Y aunque no estoy hablando de un apostolado de la misma forma que lo fueron los doce, sí es cierto que todos somos enviados por Dios. ¿Enviados a qué? A ser testigos suyos y proclamar el evangelio de salvación. El evangelismo no es un ministerio exclusivo de unos pocos, es un deber de toda la iglesia.
  3. Apartados. Como cristianos debemos vivir apartados del mundo. No en un sentido tan literal que signifique irnos de nuestra sociedad a crear nuestras comunidades cerradas. Debemos estar en el mundo (Juan 17.15) pero no debemos participar de las cosas del mundo, del estilo de vida que nos aleja de Dios.
  4. Pertenecemos a Jesucristo. El ser humano necesita tener el sentido de pertenencia. Sentirse parte de una nación, de una familia, de un club, de un equipo deportivo... Qué maravilloso saber que pertenecemos a Dios, que somos parte de su "cuerpo", de su iglesia.
  5. Amados de Dios. De la misma manera es maravilloso poder sentirse amados por Dios. Él nos ama hasta tal punto que dio a su Hijo para que podamos tener una relación con Él.
  6. Llamados a ser Santos. Dios es santo y quiere que nosotros también seamos santos. Dios no nos pide imposibles. Y, aunque desde luego la santidad es imposible para el hombre por sí mismo, Dios nos ha dado a su Espíritu Santo para que nos purifique y nos santifique. Él es el Dios todo poderoso.
Sabiendo quienes somos y qué lugar debemos nos libraría de muchas complicaciones. Así que no intentemos cosas extrañas, vivamos en el propósito y lugar que Dios tiene para cada uno de nosotros.

martes, 14 de julio de 2009

Sólo un puñado de células

Hace unos días estaba hablando con unos amigos sobre el aborto cuando alguien dijo: "pero si sólo son un puñado de células". En ese momento, que es de los pocos en que he estado inspirado para una respuesta rápida, repliqué: "acaso nosotros no somos simplemente un puñado de células". Pues si nos paramos a pensar en que somos nosotros, al menos físicamente, no nos queda otra que reconocer que somos un conjunto de células, cada una con su especialidad y formando sus grupos (órganos, nervios, sangre, etc.), pero al fin y al cabo células. Cuando hablamos del aborto, tenemos que enfrentarnos a la pregunta de cuándo empieza la vida.
Hace poco una ministra española, de cuyo nombre no quiero acordarme, dijo que un feto de 12 semanas era un ser vivo pero no un ser humano. ¿Cuál debe ser nuestra definición de ser humano? Si la basamos en la cantidad de células que componen nuestro cuerpo entonces los bajitos seríamos menos seres humanos que los altos. Un niño no sería tan ser humano como lo sería un adulto. Si nos basamos en la morfología, o en la forma que tenemos, tendríamos problemas cuando alguien pierde uno de sus miembros. ¿Una persona con un solo brazo deja de ser ser humano? ¿O si nos sustituyen alguno de nuestros órganos por alguno artificial (cosa que no creo que tardemos mucho en ver) dejaremos de ser personas? Si nos basamos en el nivel de consciencia de uno mismo, también tendríamos problemas pues tardamos bastante tiempo en tener consciencia de nosotros y nuestro entorno.
No soy un experto en medicina ni en ciencias, pero creo que deberíamos tener presente cuando pensemos en un embrión como un conjunto de células, que, al fin y al cabo, nosotros también lo somos.

martes, 7 de julio de 2009

Instantanea

Hoy, simplemente os dejo esta foto que tomé en Génova en el 2007. La encontré de nuevo por casualidad (o quzás no), y, no sé por qué, me hace reflexionar en lo maravillosa que es la creación de Dios.

jueves, 2 de julio de 2009

La Biblia dice lo que dice

Ayer empecé a leer un libro titulado "Diálogo amistoso entre un ateo chino y un cristiano argentino". Son las transcripciones de unas conversaciones mantenidas entre Luis Palau y Zhao Qizheng. Todavía no lo he terminado, así que no puedo dar una valoración global, pero está bastante interesante.
Sin embargo, hoy quería reflexionar sobre uno de los pasajes de este libro que copio a continuación:
"…Ya que usted ha leido la Biblia: me gustaría saber qué fue lo que más le llamó la atención.
Zhao: He comenzado mi carrera como investigador en física nuclear. En física existen solamente tres teorías de Newton, muy claras y simples. Comparadas con ellas, la Biblia es mucho más complicada. Quizás podamos reducir la Biblia a unos pocos puntos básicos, como las leyes de Newton. Creo que esos serían suficientes. Primero: Dios es omnipresente, omnipotente y omnisciente. Dios es perfectamente bueno. Segundo, a causa de su pecado original, el hombre tiene dificultad para comunicarse con Dios. Tercero, por lo tanto, Dios envía a Jesús para comunicarse con el hombre. Cuarto, el hombre no debe tratar de diseñar su propio destino. sino que debe seguir la guía de Jesús y de la Biblia.
Palau: ¡Qué resumen tan perfecto de los principales puntos de la Biblia! Ni yo como teólogo lo hubiera resumido con tanta perfección y precisión..."
Es interesante ver como un ateo, a pesar de no creer, como confesará más tarde, en que la Biblia haya sido inspirada por Dios, pueda hacer un resumen de lo que en ella se cuenta. De cuál es la historia central, o el hilo conductor del texto sagrado. ¿Cómo ha podido este hombre llegar a estas conclusiones sin haber estudiado teología? La respuesta es sencilla: ha leído la Biblia.
¿Por qué se empeñan en hacernos creer algunos que la Palabra de Dios es sólo para eruditos y que debe ser interpretada por expertos? La realidad es que todos podemos entenderla. No es un texto escrito en clave, por lo menos en su mayor parte. Es decir, quitando el libro del Apocalipsis y quizás otros pasajes sobre el fin de los días que por las circustancias de persecución que vivían los primeros cristianos los escribieron en clave, el resto de la Biblia es clara y cristalina. Lo que en la práctica significa que lo que verdaderamente nos importa para poder tener una relación personal con Dios, para poder llevar una vida en santidad, para estar en la voluntad de Dios, está al alcance de cualquiera.
Lo que sí creo es que los cristianos deberíamos aprender a leer mejor la Biblia y así la comprenderíamos sin problemas. ¿Qué quiero decir con aprender a leerla? ¿Necesitamos un método especial para poder interpretarla? ¿No hemos dicho que no hace falta ser un erudito? Bueno, os voy a dar un pequeño secreto para poder interpretar bien las escrituras: lee la Biblia comenzando por el principio y acabando por el final. Parece redundante, pero lo cierto es que la mayoría de los cristianos cuando se acercan a la Biblia la abren por cualquier parte y escogen cualquier versículo o capítulo y pretenden poder entenderlo sin saber de donde viene el discurso que están leyendo. Sí que es cierto que la Biblia es una colección de libros independientes y que habría distintas formas de ordenar estos libros, lo que no podríamos nunca es cambiar el orden del texto de un libro en cuestión. El evangelio de Juan no fue escrito para que se leyera el capítulo 8 antes que el 7 o antes que el 4. Es más, cuando se escribió ni siquiera estaba dividido por capítulos. Si seguimos el orden que tenemos en nuestras ediciones modernas, nos ayudarán a comprender el contexto, situarlos libros en su época y entender el orden de los hechos, con lo cual también nos beneficia a la hora de comprenderla.
Tomémonos la lectura de la Biblia con seriedad. Estudiémosla como estudiaríamos cualquier otro libro. Pero nunca perdamos de vista que, además de ser un libro maravilloso digno de ser estudiado, es la Palabra de Dios.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Entrenamiento diario

Esta mañana estaba leyendo a John Maxwell. Hablando de la necesidad de prepararse y formarse para el liderazgo Maxwell ponía como ejemplo el boxeo. Uno no se convierte en un buen boxeador en el ring, sino en los entrenamientos diarios. En el cuadrilátero sólo veremos los resultados de nuestro trabajo previo al combate.

Esta "ley", como Maxwell la llama, no es sólo aplicable al liderazgo, sino también a nuestro andar diario. Si nosotros no estamos entrenados, no podemos esperar que salgamos victoriosos en las pruebas, tentaciones o dificultades. Necesitamos estar entrenados para los momentos de crisis en que, en vez de guiarnos por planificaciones, nos guiaremos por nuestros "reflejos".

Por ello debemos preguntarnos cada día ¿Qué estoy haciendo para fortalecerme en mi vida cristiana? ¿Cómo me estoy entrenando para los momentos de adversidad? Pues de un entrenamiento adecuado dependerán nuestras decisiones. ¿Cómo me voy a dejar guiar por el Espíritu Santo cuando sea tentado si no me dejo guiar por Él el resto de mi vida? ¿Cómo voy a confiar en Dios en momentos de tormentas si en los momentos de calma no confío en Él? ¿Cómo voy a orar frente a una gran necesidad si en los momentos de abundancia me olvido de mi relación con Dios?

Por estas razones debemos practicar a diario las disciplinas espirituales que nos ayudaran a estar fuertes en nuestra relación con Dios. Orar, estudiar la Palabra, meditar, ayunar etc. debe ser parte de nuestro andar diario. No esperemos las dificultades para empezar a buscar los recursos de los cuales Dios nos ha provisto.


viernes, 29 de febrero de 2008

La procedencia de las bendiciones

Una historia que me llama mucho la atención es la del centurión que se acercó a Jesús para pedir un milagro de sanidad para su siervo (Mt. 8.5 y ss.). Lo que más me asombra es la actitud de este hombre y la fe que él tenía que le hacía saber que si el milagro se realizaba era porque Jesús lo había hecho. No le hacía falta que Jesús visitara su casa, no le hacía falta ver como tocaba a su siervo, no necesitaba ninguna prueba más que su palabra sabiendo que el que obraba era Jesús.

Nosotros muchas veces no tenemos este tipo de fe. Cuando recibimos alguna bendición, si no "vemos" algo diferente, algo extraordinario, alguna prueba con nuestros propios ojos de que dicha bendición viene de Dios, rápidamente se lo atribuimos a otro. Tuve suerte, fue gracias a un contacto ... son expresiones que utilizamos y que aunque parecen inocentes lo que estamos es atribuyendo la bendción a otra persona o causa fuera de Dios.

Y lo peor viene cuando nosotros pensamos que las bendiciones son fruto de nuestro esfuerzo, nuestra inteligencia o nuestras habilidades. Y por desgracia, en mi opinión, es lo que suele pasar.

Recordemos que toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación. (Stg. 1.17 - LBLA)

jueves, 30 de agosto de 2007

¿Cuánto espacio tienes para Dios?

Hoy me encontré con este texto de Wally Johnson:

Cada persona tiene "capacidad para llevar" a Dios. El tamaño está limitado tan solo por nuestra disposición para vaciarnos de otras cosasa... En mi vida pasé un tiempo crítico, cuando estaba cansado de jugar a la religión. En un momento de verdad absoluta clamé a Dios y le pedí que me llenara completamente.

La respuesta de Dios fue asombrosa: "No puedo llenarte". Entonces dije: "Dios, tú puedes hacerlo todo". Él me respondió: "Mira tu vida. Estás lleno". Era cierto. No tenía lugar ni tiempo para Dios.

Con la ayuda del Espíritu Santo empecé a eliminar "lo bueno" de este mundo para poder estar lleno de "lo mejor" que Dios tenía para mí. Hasta ese momento había estado lleno de trabajo, tenis, golf, esquí, cacería, pesca y aun trabajos [no ministerios] en la iglesia.

La verdad es que me ha parecido muy acertada esta reflexión. Muchas veces estamos tan llenos que no tenemos ningún lugar para Dios en nuestras vidas. Esto me recuerda a la parábola de Jesús en Mateo 13.44 en la que un hombre dejó todo lo que tenía para conseguir un tesoro mayor.

Como cristianos no tendríamos que tener miedo a vaciarnos de las cosas de este mundo porque lo que encontramos en Dios es mucho más de lo que el mundo nos pueda ofrecer. Por muy buenas cosas que tengamos, o muy buenas actividades ocupen nuestro tiempo, Cristo tiene algo mejor que ofrecernos.

¿Cuanto sitio hay en tu vida para Dios? ¿Por qué no vaciarte dejar que Dios te llene por completo?

jueves, 16 de agosto de 2007

Paz con los enemigos

Los beneficios de seguir los caminos de Dios son innumerables. En el libro de proverbios 16.17 nos da uno de ellos: Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor, aun a sus enemigos hace que estén en paz con él (LBLA). Y lo cierto es que estar en paz con todos es una consecuencia directa de una vida santa y agradable a Dios.

Si nosotros caminamos según los mandamientos de Dios, no vamos a buscar confrontación con nadie, ni vamos a buscar hacerle mal, ni ofenderle con nuestras actitudes o palabras. Por ello vamos a tener paz aún con los que se consideran nuestros enemigos.

La Biblia no nos asegura que nadie vaya a estar en contra de nosotros, es más nos dice que vamos a tener persecución. Pero aún en medio de la prueba nosotros podemos tener paz. Pero no solo paz de estar tranquilos, sino también en nuestras relaciones. Porque, tarde o temprano, aquellos que nos quieran hacer mal se darán cuenta de su injusticia y al final, en palabras del apóstol Pablo, les arderá la cara de vergüenza (Romanos 12.20 - RV95).

Los caminos de Dios no son unas leyes que Él ha puesto arbitrariamente, es una forma de vida que nos beneficia tanto a nosotros, como a las relaciones que tengamos con los demás. Recordemos que los caminos agradables al Señor, Jesús lo resumió de una forma más facil de recordar: el camino del amor (Mateo 22.34-40)

La importancia de la familia

En estos días estaba leyendo el relato del nacimiento de Jesús según el evangelísta S. Mateo. Y me estaba llamando la atención el papel que juega José en esta historia. Y estaba pensando en el porqué de que él estuviese en la historia. Si Jesús nacería de una virgen, ¿era necesario el papel de un hombre? ¿Esa virgen no podía ser soltera?

Probablemente una razón para ello es que una mujer sola en aquella época era muy vulnerable. Y además si tenía un hijo demasiado expuesta a las críticas y la exclusión social, teniendo en cuenta que nunca habría sido casada.

Pero creo que hay una razón mas importante. Dios le proveyó a Jesús un buen marco familiar para su desarrollo personal. Porque, recordemos, que Jesús, siendo Dios, también era hombre y tuvo que crecer en estatura, sabiduría y gracia para con Dios y los hombres (Lc. 2.52). Y para ese desarrollo Dios le proveyó un hogar en el que pudiera crecer.

Al comienzo de Mateo, vemos a José como un hombre temeroso de Dios. De hecho, recibe mensajes de Dios en cuatro ocasiones en los dos primeros capítulos. Para que no abandone a María, para marcharse a Egipto, para volver de Egipto y para dirigirse a Nazaret. Y no solo recibia los mensajes, sino que los obedcía. De hecho Mateo lo describe como un hombre justo.

Pero Dios no sólo le proveyó de un padre y una madre a Jesús. También tenemos otras referencias a la familia de Jesús. Su primo Juan el Bautista, que además fue clave en el ministerio de Jesús. También nos habla la Biblia de los hermanos de Jesús, que aunque no creyeron en Él durante su ministerio, después de su resurrección algunos fueron claves en el desarrollo de la iglesia.

En estos tiempo en los que vivimos y que la familia cada vez está más infravalorada, debemos recordar que si Jesús, creció y se desarrollo en un marco familiar, cuánto más nos hará falta a nosotros una familia. Familias temerosas de Dios y que provean el marco para que la próxima generación sea mejor que nosotros.

martes, 14 de agosto de 2007

Como niños

De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 18.3

Como cambia la percepción de un texto dependiendo de la etapa de tu vida y la experiencia que tengas. Cuando haces años leía este versículo, lo primero que venía a la cabeza era la inocencia y la credulidad de los niños. Y pensabe que así debía ser nuestra fe, creer sin cuestionarnos nada, de la misma manera que un niño cree en Papá Noel sin cuestionarse como podrá hacer para repartir todos los regalos en apenas unas horas. No creo que Dios nos pida esa clase de fe, de hecho Él nos llama a escudriñar las escrituras (Juan 5.39), y mi máximo ejemplo de ello fueron los judíos de Berea (Hechos 17.10-15) que antes de creer en Jesús, investigaron lo que las escrituras decían.
Yo creo que más bien, cuando dice de que debemos ser como niños, Jesús está hablando de una cualidad, que todos los niños tienen, independientemente de su cultura, o su picardía, y que según se va creciendo se va perdiendo. Me refiero la dependencia. Un niño tiene que depender al 100 % de sus padres. De la misma manera, los cristianos tenemos que depender de Dios. Y al contrario que los niños que según van creciendo se van haciendo más independientes nosotros deberíamos cada vez ser más dependientes de Dios.
Aprendamos a vivir con la confianza de los niños que saben que todo lo que necesitan se lo suplirán sus padres. Porque nuestro Padre celestial suplirá todo lo que nos falte(Filipenses 4.19).
Dependamos de Él.